jueves, marzo 28, 2013

RECUPERANDO LA HISTORIA – JUAN ”PIPI” BERTELLI


TACO RALO 1968

A esta altura de la vida, escribo esto porque que yo me recuerde los que sabiamos la verdadera historia de la “compra” del campo en que instalariamos nuestro campamento eramos Cacho ( El kadri) , Amanda (Peralta) y yo. Y sólo quedo yo en vida, así que es hora de sacar a relucier la verdad de la milanesa.

Juan nació allá por 1926, en Graneros, provincia de Tucumán. Como muchos otros argentinos, su padre y madre eran de descendencia italiana. Tuvo 4 hermanos.

Pipi Bertelli quedó, hasta ahora en nuestra historia, como la persona que vendió el campo donde el Destacamento 17 de octubre de las FAP sería detenido en aquel septiembre de 1968.

Por esas cosas de la vida pude entrar en contacto con su familia hace muy poco, ya que él murio en lo que casi hubiera sido un aniversario de Taco Ralo (murió el 18 de septiembre de 1970). En un accidente. En el cual, como siempre marcó su historia, daría su propia vida para salvar la vida de una de sus hijas.
Por eso me enteré de que hasta su familia tenía una versión falsa de la historia.

Porque es hora de rehacer la historia: Pipi nunca “vendió” su campo. Yo fuí el que con el nombre de Carlos Sabino le “compro” el campo. Era en aquel entonces uno de los responsables del Dto. 17 de octubre.
Pipi fué un COMPAÑERO que nos cedió su campo, sabiendo para qué sería usado. Y sin recibir un peso. También colaboraría durante el tiempo que estuvimos allí para abastecernos de las cosas necesarias (alimentos, básicamente).
La historia de la venta, realizada con todas las formalidades –incluyendo el escribano- se hizo para evitar que llegado el caso (que por desgracia llegó muy pronto) se supiera que uso se le daba al campo. Y así fué, luego de nuestra detención Pipi tambien fué detenido por algunos meses, hasta que se “comprobó” que sólo habia vendido el campo. Y salió en libertad.

En algún momento de su vida Pipi estavo encargado del almacen de ramos generales de la familia, viviendo en Lamadrid, pcia. de Tucuman. Estaba casado con Marta, maestra. A raiz de los cual puedieron vivir dignamente en una de las casa que el peronismo construyó para la gente que trabajaba educando a nuestros niños. Tuvo 3 hijos y por fines del los 60 vivía en Simoca. Mas adelante se dedicaría a la compra/venta de caballos.
“Desaparece” misteriosamente por tiempo de su casa en aquel 1968. Volverá luego de unos meses, sin comentar nada. Pipi era una gran persona, tanto su familia como sus amigos confiaban el él, así que nunca insistieron mucho en saber que habia pasado en esos meses. Habia estado “de viaje”.

Cacho el Kadri era quien lo conocía entonces. Y como muchos otros tenía gran confianza en Pipi. De allí que se discuta la cuestión de instalarnos en su campo en Taco Ralo. Pipi fué informado de qué se trataba. Y estubo plenamente dispuesto a colaborar. Cuando discutimos la cosa, llegamos a la conclusión de que hariamos esta “compra”, en la cual yo –es decir en aquel entonces Carlos Sabino- sería el comprador.

Así conocí a Pipi. Con las vueltas de la vida pude enterarme que además de ser un compañero leal, era una persona muy hermosa. De esas personas que apreciaba la vida en su Tucumán, saliando a cazar (vizcachas y quirquichos, que por allá hay –o por lo menos habia- en aquellos viejos tiempos). Tambien disfrutaba de bañarse en las vertientes de aguas termales. Su familia y amigos lo consideraron siempre como una persona tranquila y muy afecta a su familia.
Aún así, llegado el momento, no dudó en ofrecer su colaboración y parte de sus pertenencias para coloborar con la naciente resistencia a la dictadura de Onganía.

El año pasado, valiosos compañeros, pusieron una placa en la plaza de Taco Ralo, recordando a aquellos que estuvieron allí pero que ya han dejado esta vida terrenal. Entre esos nombre falta uno: Juan (Pipi) Eugenio Bertelli
Porque Taco Ralo nunca hubiera sido lo que fué sin la participación de él
Espero poder distribuir este testimonio, para honrar su memoria. Para que pase a la historia como lo que fué: un compañero, apreciado y valioso compañero.

Göteborg, 2013-03-26

Nestor Verdinelli
Responsable militar del
Dto. 17 de octubre
FAP

lunes, enero 28, 2013

Murió Trici, combatiente montonera

"Casi nadie sabe quien fue Trici, y ya casi nadie lo sabrá.La Historia es así, no es para quejarse ni putear, solo asumirla. Cientos de miles de compañeros caídos heroicamente en cientos de lugares del mundo, en procesos donde se conocen los grandes hacedores y -lamentablemente- los grandes traidores. Hay que reconocer que Trici tampoco contribuía mucho a que la conocieran, era una tapada, una compañera bien de base, pero no por ello dejó de ser una aguerrida combatiente montonera".

Así lo expresa nuestro compañero "El Negro Soares" en esta sentida nota que evoca la vida y la lucha de Trici.

Fue legalmente Beatriz Meana, y clandestinamente la "Coca", sabe Dios porqué se hizo llamar así, era una tabla, ella se burlaba y se reía de si misma por eso, lo cierto es que de la otra Coca (la Sarli) no tenía nada.-
Para toda la Mar de Plata insurgente de los setenta era Trici, la enfermera, la del Barrio Juramento.-

Era una petiza flaquísima, huesuda, alimentada a mate y cigarrillos, no la recuerdo ni comiendo ni durmiendo, jamás dormía.-
Y jamás paraba, no era posible verla quieta.-
Fue fundadora de Montoneros en Mar del Plata, pero eso es poco decir, es casi no decir nada comparado con todo lo que fue e hizo en su vida de militante revolucionaria.-

Se podría decir que Montoneros nace en Mar del Plata con Trici.- No por su importancia en estructuras organizativas, sino por su colaboración para que las cosas ocurrieran.- Los cuadros importantes tuvieron que recurrir a ella para el armado de la Organización.-

En las clínicas donde trabajó se armaron las primeras reuniones, en la gran infraestructura propia que siempre conseguía, que sacaba inexplicablemente de la manga, se fue cocinando la estructura montonera que luego se extendió por toda la ciudad.-

Las primeras reuniones motorizadas por Quique Pecoraro y otros enormes cuadros como Oscar Degregorio "el Sordo Sergio" o el "Gordo Oscar" Chiocarello las armaron con Trici, para intentar encuadrarnos en Montoneros y en la difícil tarea de canalizar y disciplinar nuestra impaciencia adolecente.- Muchos de los mas duros combatientes que Mar del Plata ofrendó a la revolución socialista y que cayeron heroicamente en toda la Argentina eran un poco mas que niños cuando Trici trajinaba para conseguir la infraestructura que se le requería.-

Muchos dudamos y nos quedamos boquiabiertos cuando quien fuera después un gran Comandante, el "Sordo Sergio" nos planteó que al proyecto revolucionario de Montoneros "se entra de por vida".-

Era claro el Sordo, porque no se refería solo o exclusivamente a la Organización sino al "proyecto revolucionario", a la coherencia que debíamos tener en el resto de nuestras vidas para luchar por la Liberación Nacional y el Socialismo.-

Ella no dudó, no se extrañó, no se sorprendió ni se amilanó como hicimos algunos de nosotros, o al menos yo.- Era una obrera, una trabajadora, alguien que sentía el calor de la clase social a la que pertenecía, era impensable que dudara o se atemorizara.- Trici amaba, quería de verdad a la gente, eso la movilizaba.-

Y se cargó al hombro las peores tareas, abrió barrios y locales en las zonas mas marginadas y castigadas por la pobreza como eran Juramento o Termas Huinco en la zona del Martillo, en el sur marplatense.- Construyó los locales de la organización con chapas, cartones, maderas, y pisos de tierra.- Fundó salitas de primeros auxilios.- Organizó a los sectores mas rústicos de la Ciudad.-

Y paralelamente fue una militante montonera, con puntualidad suiza a las reuniones clandestinas, con entrega absoluta cuando se la requería.- Luego vino la Unidad con las FAR que también hacían su proceso para la misma época en Mar del Plata.-
Pinchó montones los culos tanto dando antitetánicas (obligatorias ante la posibilidad real de heridas de bala) como administrando todo tipo de medicamentos.-

Ahí anda todavía Trici con su botiquín corriendo en Ezeiza entre las balas de los sectores pro oligárquicos y pro imperialistas del Peronismo.- No durmió atendiendo compañeros durante el viaje de regreso.-
Jamás quiso que se supiera, ni dijo en cuantas operaciones militares participó como apoyo con toda su carga médica.-

El enemigo lo supo o lo dedujo, y apenas el Golpe del 76, fue secuestrada por el Ejército y sometida a las peores torturas imaginables.-
Unos días antes de su secuestro una patota del Ejército apareció en un bar donde varios compañeros estaban reunidos, hubo un intenso tiroteo y resultó muerto el Jefe del grupo atacante, un oficial que además era interrogador en el GADA 601 llamado Cativa Tolosa.- Todos los compañeros lograron salir de la emboscada, incluyendo Raúl Del Monte, el querido "Pájaro" (caído posteriormente vivo y trasladado a Mar del Plata para ser interrogado, hoy desaparecido).- Trici fue acusada en la tortura de haber curado las heridas del Pájaro en ese enfrentamiento.- También la acusaban de haber curado a Candela, una de las compañeras que ingresó con "Felipe", el comandante Arturo Lewinger a la comisaría 2da para rescatarme cuando fui detenido.-

Ella negaba todo, no les dio ni un solo dato durante los meses que estuvo detenida/desaparecida.-

La pasó muy mal, y se salvó de una muerte segura por una simple casualidad: años antes le salvó la vida a un niño al que internaron desfalleciente en la Clínica donde trabajaba.- El padre de ese niño resultó ser mucho después un importante General del Proceso, de modo que los médicos y dueños de la Clínica lo llamaron y le recordaron la deuda que el tipo tenía con Trici.-

Y así zafó y la liberaron, destruida y arrasada por las secuelas de la tortura que nunca se le fueron, pero zafó.- Nunca jamás se asumió como una ex prisionera, habló poco de su detención, odiaba que le tengan lástima, ni siquiera reclamó indemnización.-

Antes de poder despedirme y poder hablar bien con ella de la inminencia de su muerte, la vi en el acto en homenaje a los compañeros marplantenses asesinados por la CNU/tres A y la Policía, organizado por el querido Jorge Casale, hoy puntal en los juicios contra el CNU.- Eso fue en marzo del 2010.-

Era la misma Trici de siempre, altiva, inclaudicable, dura en sus apreciaciones, algo apenada y resentida porque no comulgaba con el Gobierno.- Ella y Eduardo González me dieron una de las mayores alegrías de mi vida: trajeron a los viejos compañeros y vecinos de los barrios que abrimos por 1972/73 que aparecieron portando una bandera hecha en una sábana vieja, como se hacía antes.- Trici y Eduardo jamás dejaron de volver una y otra vez a esos barrios y mantuvieron una estrecha relación personal con todos los compañeros.- Ella también era una piñon fijo, como lo seguimos siendo algunos, otra que no giraba, otra que se quedaba en el tiempo, otra que no "evolucionaba", se enorgullecía de "seguir siendo montonera", y se emocionó hasta las lágrimas cuando le presenté al viejo Jefe montonero que nos acompañó.-
Pude despedirme de ella, por suerte, estaba tranquila, orgullosa de sus sobrinos que eran -con su hermana- la única familia, hablamos mucho, no veía bien el actual proceso político, estaba preocupada pero con una confianza ilimitada en el Pueblo y la Clase obrera argentina.- Pasó revista a decenas de compañeros caídos, nombró a muchos, recordó que era una compañera de fe religiosa, siempre lo fue.- Tenía esperanzas en reunirse con algunos, en especial con el "Chino" Federico Celesia y con "Juanita" Estela Dorado, gran amiga de su militancia de toda la vida.- Murió el 22 de enero.-

Cargada de morfina, adormecida, volvía a esos días terribles de tortura.- Cuando nos saludamos y me levanté para irme, me dijo con un esfuerzo para intentar sonreír "querían saber si yo lo curé al Pájaro" "les dije una y otra vez que yo no lo curé, no se porque no me creían".-

Tranquila Trici querida, todos sabemos que no curaste al Pájaro Del Monte, tampoco curaste la mano de Candela, se habrán curado solos, después de todo, eran montoneros, igual que vos, esos milagros ocurrían en la guerra revolucionaria.-
Probablemente no haya homenajes altisonantes para vos compañera, quizás en otra Historia con otro relato, no con el actual.- Tu historia de vida no vende, tampoco tus sacrificios, pero no dudes que estás en el corazón y en la vida de muchos montoneros marplatenses y de todos aquellos que curaste y salvaste.-

Eduardo Soares (el Negro)
Enero 2013

lunes, enero 07, 2013

Ni "amo" ni "odio" a Cristina Kirchner. ¿Tendré una crisis de identidad?

Hace muchos años, en este mismo país que era otro, discutíamos con los compañeros las maneras de hacer la revolución nacional y social (en ese orden). Una de las cosas que teníamos bien clara en ese principio de los '70 era que ninguna revolución real, que se sustentara en el tiempo, podía basarse en la conducción de un individuo, por honesto y lúcido que fuera. Inclusive, en nuestra condición de peronistas, nos apoyábamos en la remanida frase de Perón "La Organización vence al tiempo".

Nuestra crítica al stalinismo soviético pasaba, entre otras muchas cosas (como por ejemplo la fantasía del socialismo en un solo país), por el "culto a la personalidad" que generaba inevitables desviaciones. Desde luego, nos permitimos precisamente ese error, que contribuyó a la derrota.

Dejando claro (una vez más) que considero este gobierno como el mejor que puede producir una democracia liberal y burguesa, me preocupa especialmente hoy la polarización irracional y estúpida entre los que odian a Cristina (independientemente de sus acciones) y los que aman a Cristina (independientemente de sus acciones). ¿Cómo es posible que personas que supuestamente persiguen objetivos tan diferentes se parezcan tanto en su falta de lógica y raciocinio?

Cristina ha dicho mil veces que no es revolucionaria y que su objetivo es un capitalismo humano (sea lo que fuere que signifique eso). Una postura tan tibia no justifica ni semejante odio ni tamaño amor.

Será entonces que a falta de un verdadero proyecto nacional y popular sustentable en el tiempo que sea peligroso en verdad para los intereses de nuestras clases dominantes, se le permite a la clase media argentina jugar a la revolución mientras no joda demasiado.

El odio de nuestra benemérita oligarquía vacuna sería así fingido, mientras sonríe por lo bajo. Y sólo sería real (dentro de lo ficticio de la coyuntura) el amor desorbitado que un sector de la generación intermedia sin proyecto necesita volcar en alguien que le otorgue sentido a una vida vacía. ¿Saldrá de ahí el culto a la personalidad?

miércoles, diciembre 12, 2012

El fin del mundo me infla los huevos

Con franqueza, estoy harto.

No puedo creer que tanta gente supuestamente inteligente haya comprado que se acaba el mundo porque tantos miles de imbéciles y aprovechados lo afirman alegremente. Y digo alegremente porque tuve oportunidad de observar en un programa de Discovery Channel a varios inescrupulosos contando cómo se están llenando de plata a costa de la credulidad e ignorancia de las gentes.

Uno afirma que él pasará por un portal galáctico (o algo así) y salvará al mundo. Por supuesto, pide contribuciones monetarias para solventar sus gastos, y las recibe, claro está. Otro ofrece bunkers para sobrevivir, pero se reserva la info sobre el lugar donde los construye, por "razones de seguridad", y hay idiotas que le pagan 70.000 dólares anticipados confiando en que el día antes el sujeto les dirá dónde tienen que refugiarse. Curiosamente, nadie se pregunta para qué el chabón les pide tantas lucas verdes si total el mundo se va a acabar y no va a tener cómo gastarlos. Otro vende por internet kits de supervivencia, y confiesa que le va bárbaro, y que de todas maneras, si el mundo no se acaba esta vez siempre va a venir otra fecha crítica en algunos años, así que su empresita tiene el futuro asegurado. Otros peores afirman muy sueltos de cuerpo que la Tierra va a dejar de girar y luego va a invertir su rotación y que esto va a producir un cambio espiritual en toda la humanidad ¡Y hay gente que repite este disparate como si fuera una verdad revelada! Claro, a nadie se le ocurre agarrar un libro serio y enterarse de qué sucedería si efectivamente la tierra detuviera su rotación unas horas. Ni hablar de girar al revés.

Claro, ya no es tan divertido cuando uno piensa en todos los pobres desesperados crédulos que, como cada vez que cinco locos anuncian el fin de los tiempos, eligen suicidarse, o vender todas sus posesiones, o regalarlas, y dejan a sus familias en la calle. Cada tantos años, por culpa de estos gurúes de medio tiempo, cientos de personas terminan muertas o en la miseria.

Como no creo en la censura, y sí en la libertad de expresión, defiendo el derecho de profetizar de cualquiera, aún de estos hijos de puta. Sin embargo, considero que alguien tiene que hacerse responsable de las consecuencias. Por consiguiente, propongo seriamente que el 22 de diciembre, cuando todos nos despertemos y comprobemos que el mundo no se acabó, que la tierra gira como siempre para el mismo lado, exijamos que estos profetas de tres al cuarto se suiciden ese mismo día. Mataremos así dos pájaros de un tiro: a) Sentaremos precedente para que en la próxima fecha capicúa todos los que tengan ganas de hablar boludeces lo piensen mejor y b) depuraremos un poco nuestro pobre planeta de vivillos y estafadores que hacen su agosto a costa de la ingenuidad de los demás.

Porque quizás sin ellos jodiéndonos la vida, sí podamos encarar un verdadero cambio de era espiritual.

sábado, diciembre 08, 2012

Chau, petiso, hasta la victoria

Ayer, 7 de diciembre, murió "el petiso" Amorín. Tenía 66 años. Miembro fundador de los "protomontoneros", junto al "negro" Sabino Navarro y el "pinguli" Hobert, combatiente de los mejores y amigo.

Así lo recuerda mi hermano:

Auténtico exponente de la militancia juvenil asumió su compromiso a mediados de los años sesenta, en una época en que los cuadros peronistas no se iniciaban
en la política soñando con ocupar un cargo; como solía decir el petiso José, “en aquel tiempo, si solamente caíamos presos nos dábamos por satisfechos”. Fue siempre fiel a sus ideales. Luchó por la alegría, y concibió la vida como una entrega solidaria y plena. Así vivió y así lo recordarán sus familiares y sus amigos y compañeros.

Y estas palabras son de Ernesto Jauretche:

EL LEJANO OESTE ESTÁ DE LUTO

Un típico petizo: arrogante, autosuficiente, audaz; de los que tienen que demostrar día a día su superioridad; un peronista de buen trapío; en fin, un incorregible, como los que van al matadero cantando.

No tenía nada que perder, salvo su rozagante dignidad. Y acabó su existencia en la felicidad de su última apuesta de vida: amor de hembra joven, olor a alfalfa, pampa, cielo y caballo. En Punta Indio lo vamos a extrañar.

Murió el asaltante de diligencias sin oro, el vengador de causas descamisadas, el ideólogo de la ilusión, el gozozo del olor a pólvora, el entregado -sin remuneración ni reconocimiento. El negro Sabino Navarro, su jefe y maestro, allá en la estanca donde lo está esperando, lo recibirá como corresponde: cantando la marcha peronista; a su lado, Pinguli tamborilleará el ritmo con los dedos.

En sus etapas de subordinación orgánica, fue el conductor de una armada brancaleone en camisón y en pata; eran los pre-montos que improvisaban sus primeras temeridades. Médico que hizo honor como pocos al juramento hipocrático, ejercía en el páramo de la clandestinidad, mientras planeaba inverosímiles operetas en un desvencijado consultorio improvisado. Por su insubordinación fue a parar al lejano oeste; se destacó como el vaquero esmirriado de gatillo certero capaz de conquistar al más reacio con un discurso torrencial.

MURIÓ JOSE AMORIN, y con él otro vestigio de una estirpe: la de los optimistas de toda la vida, los ganadores, los que no se rinden, LOS INVENCIBLES. Los que vivirán para siempre en el cementerio de la memoria.

Pepe montonero querido
Hasta la victoria

Ernesto Jauretche
7 de diciembre de 2013

sábado, noviembre 17, 2012

Clase media argentina "estocolmizada"

En el síndrome de Estocolmo, los secuestrados desarrollan un sentimiento afectivo-dependiente con sus secuestradores.

Pensaba en la similitud que existe con importantes sectores de la clase media argentina, que han sido maltratados, expoliados, estafados y denigrados una y otra vez durante décadas por las clases dominantes (fuerzas armadas, oligarquía ganadera, empresariado multinacional, sistema financiero, etc), y sin embargo continúan defendiendo intereses que no les son propios, acumulación de capitales en la que no participan y negocios ajenos en los que no obtienen ganancias.

Son víctimas sin duda alguna de un prolongado secuestro de la inteligencia y de la capacidad de raciocinio.

Dicen los que saben que, pasado un cierto lapso, el secuestrado no tiene retorno psicológico posible.

Nota al pie: Como algunos conocidos han tomado el comentario al revés, es necesario aclarar que, aún sin ser kirchnerista y por consiguiente crítico de este gobierno, sin dudar lo considero como el mejor que desde hace muchos años ha podido producir una democracia liberal burguesa. Me refiero en el texto a aquellos, incluyendo -a mi pesar- muchos compañeros, que han elegido alinearse con las fuerzas de la reacción pro Clarín en lugar de defender y profundizar lo poco que tenemos (que no es otra cosa que lo que nos dio el cuero para conseguir, claro)

lunes, octubre 22, 2012

Fidel Castro está agonizando


Por Fidel Castro

Bastó un mensaje a los graduados del primer curso del Instituto de Ciencias Médicas "Victoria de Girón", para que el gallinero de propaganda imperialista se alborotara y las agencias informativas se lanzaran voraces tras la mentira. No solo eso, sino que en sus despachos cablegráficos le añadieron al paciente las más insólitas estupideces.
El periódico ABC de España, publicó que un médico venezolano que radica no se sabe donde, reveló que Castro había sufrido una embolia masiva en la arteria cerebral derecha, "puedo decir que no vamos a volverlo a ver públicamente". El presunto médico, que si lo es abandonaría primero a sus propios compatriotas, calificó el estado de salud de Castro como "muy cercano al estado neurovegetal".
Aunque muchas personas en el mundo son engañadas por los órganos de información, casi todos en manos de los privilegiados y ricos, que publican estas estupideces, los pueblos creen cada vez menos en ellas. A nadie le gusta que lo engañen; hasta el más incorregible mentiroso, espera que le digan la verdad. Todo el mundo creyó, en abril de 1961, las noticias publicadas por las agencias cablegráficas acerca de que los invasores mercenarios de Girón o Bahía de Cochinos, como se le quiera llamar, estaban llegando a La Habana, cuando en realidad algunos de ellos trataban infructuosamente de llegar en botes a las naves de guerra yankis que los escoltaban.
Los pueblos aprenden y la resistencia crece frente a las crisis del capitalismo que se repiten cada vez con mayor frecuencia; ninguna mentira, represión o nuevas armas, podrán impedir el derrumbe de un sistema de producción crecientemente desigual e injusto.
Hace pocos días, muy próximo al 50 aniversario de la "Crisis de Octubre", las agencias señalaron a tres culpables: Kennedy, recién llegado a la jefatura del imperio, Jruschov y Castro. Cuba nada tuvo que ver con el arma nuclear, ni con la matanza innecesaria de Hiroshima y Nagasaki perpetrada por el presidente de Estados Unidos Harry S. Truman, estableciendo la tiranía de las armas nucleares. Cuba defendía su derecho a la independencia y a la justicia social.
Cuando aceptamos la ayuda soviética en armas, petróleo, alimentos y otros recursos, fue para defendernos de los planes yankis de invadir nuestra Patria, sometida a una sucia y sangrienta guerra que ese país capitalista nos impuso desde los primeros meses, y costó miles de vidas y mutilados cubanos.
Cuando Jruschov nos propuso instalar proyectiles de alcance medio similares a los que Estados Unidos tenía en Turquía —más cerca todavía de la URSS que Cuba de Estados Unidos—, como una necesidad solidaria, Cuba no vaciló en acceder a tal riesgo. Nuestra conducta fue éticamente intachable. Nunca pediremos excusa a nadie por lo que hicimos. Lo cierto es que ha transcurrido medio siglo, y aún estamos aquí con la frente en alto.
Me gusta escribir y escribo; me gusta estudiar y estudio. Hay muchas tareas en el área de los conocimientos. Nunca las ciencias, por ejemplo, avanzaron a tan asombrosa velocidad.
Dejé de publicar Reflexiones porque ciertamente no es mi papel ocupar las páginas de nuestra prensa, consagrada a otras tareas que requiere el país.
¡Aves de mal agüero! No recuerdo siquiera qué es un dolor de cabeza. Como constancia de cuán mentirosos son, les obsequio las fotos que acompañan este artículo.

Fidel Castro Ruz
Octubre 21 de 2012

lunes, octubre 01, 2012

La guerrilla mediática y el poder político real

Por Alejandro Horowicz

¿El 7 de diciembre será el parteaguas, o tan sólo un horizonte brumoso que se deshilachará sin más? “No hay enemigo intelectual más temible que el que no tiene razón, salvo el que no la tiene pero cuenta con toda la moral social de su parte.” Juan José Saer

La atmósfera política se corta con cuchillo. La más ínfima de las expresiones públicas de la presidenta cobra inusitado espacio público. Todos opinan. Mirtha Legrand, Beatriz Sarlo, Pinky, Jorge Lanata. Una oración de Cristina Fernández gatilla cataratas de curiosos comentarios; comentarios que "interpretan" chicaneramente lo dicho, y convenientemente entresacados bajan desde la tapa de los diarios comerciales a la radio y la TV, para cobrar forma definitiva en las redes sociales. Una guerrilla mediática ha sido eficazmente instalada.

Aclaremos los tantos. No se trata de un debate sobre la verdad, sino de lograr que la sospecha infecte todo. Una igualación bostiferante hacia abajo; todos y todo son iguales: ladrones, corruptos, mentirosos.

Aun así, como esta es una guerrilla oligárquica, la corrupción y la mentira que deben eliminarse son las de un solo bando. Por eso, una foto de Guillermo Moreno, dentro de un ataúd con un disparo en la cabeza, no pudo ser ignorada por nadie. En verdad, llamar "estrategia política" a una fotografía trucada pareciera excesivo. Y sin embargo, si el deseo de asesinar a un funcionario se volviera realidad, si realmente fuera asesinado, no cabe ninguna duda de que un sector de la sociedad aplaudiría hasta que le dolieran las manos, ante la consternación de la mayoría.

La foto navega en sustitución del asesinato real. Tanto los bombardeos de la Plaza de Mayo, como la política de desapariciones de la dictadura burguesa terrorista del '76 fueron ejecutadas por profesionales de la violencia. Nunca se trató de ninguna acción espontánea, sino de los organismos de represión del Estado. Ese es el punto, esta guerrilla oligárquica sustituye el golpe real; las fuerzas armadas son incapaces de dar un golpe de Estado, y nadie lo ignora. Así era en 2001 y así sigue siendo. Por eso, ningún uniformado habla. El silencio militar remite a una lectura clave: las FF AA ya no son un factor político.

Retomemos el piolín. Existe una percepción compartida: se avecinan momentos decisivos. ¿El 7 de diciembre será el parteaguas, o tan sólo un horizonte brumoso que se deshilachará sin más?

La sociedad argentina tolera muy mal el conflicto. La política del terror sistemático, ejecutada en el pasado reciente, capturó la mirada y la sensibilidad colectivas. Enfrentamiento equivale –desde esa perspectiva– a derrota popular, y derrota popular, quién lo ignora, hace temer que el terrible ciclo de captura, tortura, violación y asesinato reviva. Entonces, para evitar la derrota popular, parecería preciso obviar el enfrentamiento. Rendirse sin lucha, porque la lucha misma se ve como imposible.

Ese es el pedido aterrado de un fragmento de la sociedad: basta de conflicto. El otro fragmento hace circular fotos de Moreno para revivir, restablecer, alimentar ese terror con cierto éxito. Hay un tercer segmento, el que está pensando qué hacer.

La sociedad argentina perdió el hábito de procesar políticamente las diferencias, y por tanto no puede imaginar sino en términos de catástrofe un cambio en la relación de fuerzas mediáticas. Además, la idea de que los dueños de Clarín y La Nación pierdan el control de un orden construido a su medida, para que la política no sea ninguna otra cosa que la continuación de los negocios por otros medios, de sus negocios, armoniza con un horizonte global de sometimiento irrestricto al poder fáctico. En ninguna parte del mundo "civilizado" sucede otra cosa, por qué habría de suceder acá. A lo sumo las víctimas protestan y la policía, por ejemplo la española, reprime como acá se reprime a los pueblos originarios.

Si la sociedad argentina acepta que termine por no pasar nada, si la frontera del 7 de diciembre sólo queda en un montoncito de palabras, la estrategia habrá funcionado evitando el conflicto, pero sin ninguna eficacia transformadora.

Conviene no equivocarse. Este no es un problema K o anti-K, si el 7 de diciembre quedara claro que las leyes del Congreso y la Corte Suprema solamente rigen si Clarín y La Nación quieren, el poder estaría en sus manos. Un poder de veto ejercido sin cortapisas nos recordaría que el único interés legítimo es el del bloque de clases dominantes. Dicho de un tirón, se trata de saber si Clarín y La Nación conservan en sus manos el poder intacto, o si la sociedad argentina (los integrantes del bloque popular) son capaces de recuperar la política como instrumento de transformación. Si hemos clausurado mediante una victoria popular la democracia de la derrota donde, votaras a quien votaras, votabas lo mismo, o si la guerrilla mediática oligárquica termina siendo a la postre suficiente. Es decir, la guerrilla intenta poner en discusión quién manda.

PARADOJAS ARGENTINAS. Toda la campaña oligárquica, en el sentido aristotélico del término, parte de una presuposición: no olviden que los políticos sólo se proponen enriquecerse a nuestra costa, si atacan a un monopolio es para construir otro más afín, para decirlo en los términos del '76: el "festín de los corruptos", ya que "gobiernan para sí mismos".

La eficacia del postulado es simple: la mayor parte de los funcionarios del oficialismo fueron a su vez funcionarios de los gobiernos anteriores. Y sus posturas de entonces no diferían demasiado del menemismo clásico. Y como menemistas eran todos, justo ahora se les ocurrió "cambiar". No será gatopardismo vulgar, que algo cambie para que siga todo igual.

Sostuvo Mariano Grondona, impensable "pensador" K, en sus conferencias del '92 sobre la corrupción: "En los países donde hay estado de corrupción, en cambio, la investigación es entendida como persecución. Desde el momento en que se da por supuesto que todos son culpables de algo, desde el primer mandatario hasta el ciudadano que evade los impuestos, cuando se investiga a una persona esta se pregunta, con alguna razón: ¿por qué a mí?"

Ese es el punto. Cambiar la Suprema Corte menemista por otra de alta calidad jurídica y moral, fue la primera medida importante posterior a 2001. La significación de esa Corte se aquilató con la derogación, a pedido del Congreso, de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Es decir, restableció la relación entre los delitos y las penas, entre las palabras y las cosas, entre la política y la ley. Restableció la igualdad ante la ley, y por tanto la posibilidad misma de "la investigación". Ahora bien, paradójicamente, el gobierno K responsable de esta Corte reclutó en buena parte a sus funcionarios entre los profesionales de la política. Y, por tanto, no soporta él mismo el "nuevo" y exigente postulado: igualdad ante la ley, castigo para todos los delitos.

No se trata de caer en el cinismo ("de dónde saldrían funcionarios mejores") sino de entender la intensidad de la derrota de los sectores populares. Los represores juzgados y condenados nunca fueron hasta hoy acusados de imponer la modalidad "botín de guerra". El "roban pero hacen" menemista no es más que la versión civil de ese postulado militar. Y ningún político relevante propuso una estrategia elemental contra la corrupción: devolver la plata, que los funcionarios corruptos tengan que pagar con sus bienes personales.

La guerrilla mediática oligárquica golpea en este punto débil. Para contrarrestarla, este orden de cosas no puede ni debe sostenerse a futuro. Mientras Carlos Saúl Menem siga siendo un inimputable, las sospechas seguirán teniendo asidero lógico y político. Esto no supone que todos los que hacen política sean iguales, sino que la diferencia entre corruptos y decentes debería dejar de ser discrecional para pasar a ser objeto del examen colectivo. El bloque popular no debe olvidar que decir la verdad sigue siendo revolucionario.

lunes, septiembre 17, 2012

La pacífica marcha del pancismo argentino

martes, septiembre 11, 2012

El último discurso de Salvador Allende

lunes, septiembre 03, 2012

Fernando Abal Medina, las huellas de una pasión

Por Ignacio Vélez Carreras
Muy delgado, cara de niño, de mirada penetrante y una inocultable ternura inocente, la imagen, el recuerdo de Fernando Abal Medina es imborrable.

Sin duda fue un líder nato. Se ubicaba en las situaciones o escenarios más complejos con increíble rapidez y con la misma velocidad tomaba decisiones. Decidido, apasionado, con claridad social y política de dónde estaban las víctimas y dónde los victimarios. Siempre en claro de qué lado debíamos estar nosotros.

Su audacia ejercida con una sonrisa irónica y gran desparpajo, no tenía límites. Cuando aparecieron en la calle los afiches de “buscado” con su foto, ante el terror de sus compañeros, se acercaba para cerciorarse si la imagen se le parecía. Sin embargo y pese a la dureza que aquellos años nos habían obligado a representar, por momentos alcanzaba grados de ternura y compañerismo donde florecía el pibe porteño lleno de sueños e inquietudes. Pibe que no olvidaba la plaza del barrio, su plaza, la de los juegos infantiles, ubicada en el centro del poder, la Plaza de Mayo. Y de allí provenían sus recuerdos de los cambios de guardia, con que nos deslumbraba a los provincianos, y lo que pasó cuando su pelota se entreveró entre las botas de los granaderos.

Fernando venía de una familia católica practicante, como la mayoría de los que conformamos los grupos iniciales de Montoneros. Su formación católica fue ensanchándose con el tiempo hacia una mirada cristiana que comenzó a expresarse en el nacionalismo popular y el cristianismo revolucionario que, como alternativa política excluyente, se expresaba en el movimiento popular, el peronismo brutalmente reprimido, proscripto y con su líder en el exilio.

Sus pasos, nuestros pasos, seguidos por decenas de miles de militantes, descubrieron pronto que ese nacionalismo popular tenía límites precisos. Que para enfrentar los intereses imperiales no se podía contar con una alianza estratégica con la burguesía local. Que sólo los trabajadores y el pueblo expresados a través del peronismo revolucionario eran los “portadores” de los cambios profundos que conducirían a la patria justa, libre y soberana.

Su bautismo de lucha gremial y política lo tuvo junto a sus compañeros, entre los que se destacaban Norma Arrostito, su pareja, y la negra Amanda Peralta, participando activamente en la huelga portuaria liderada por Eustaquio Tolosa. Luego vino la militancia intensa en el Cristianismo y el Peronismo Revolucionario con el gordo Cooke y el Pelado Juan García Elorrio. Las diferencias con García Elorrio y la experiencia cubana lo convencen junto a Emilio Maza de que deben superar el espontaneísmo de la heroica resistencia peronista y, clausurados todos los caminos democráticos, asumir la obligación del enfrentamiento armado contra la dictadura militar. La decisión fue muy dolorosa. Fernando, como todos, había sido formado en el respeto absoluto a la vida, desarrollando una sensibilidad social comprometida y protectora especialmente de los sectores populares.

Pero el ir descubriendo la historia de la violencia brutal con que los sectores del poder en Argentina habían tratado de resolver las contradicciones políticas y sociales, se consolidó la urgencia de la transformación revolucionaria. Con el ejemplo de Camilo Torres, el cura revolucionario colombiano, que decía “no sabemos si Dios es mortal pero lo que si sabemos es que el hambre es mortal”, Fernando sintió la necesidad de emprender sin más demoras el difícil camino de intentar impulsar el proceso de liberación. Más aún en 1966, cuando Onganía amenazaba perpetuarse más de 20 años en el poder.

Hubo sin duda hechos que se destacaron, marcas en la vida de nuestro pueblo, que nos formaron e impactaron profundamente. La violencia brutal de los bombardeos a Plaza de Mayo con sus consecuencias en muertes de cientos de vidas inocentes. Los crímenes del 9 de junio del ’56 cuando, para aterrorizar y escarmentar a nuestro pueblo, en forma cruel, ilegítima e ilegal, el dictador Aramburu mandó a asesinar a los oficiales patriotas y a los civiles peronistas, que con el general Valle a la cabeza buscaban el retorno al país del orden democrático. La aplicación durante el gobierno de Frondizi por imposición militar del Plan Conintes, cuya represión absolutamente ilegal es uno de los antecedentes del terrorismo de Estado posterior a 1976.

¿Qué podía esperar Fernando? ¿Qué podíamos esperar los jóvenes ansiosos por participar en la vida de nuestro pueblo, de esa historia de los últimos años que culminaba con el golpe de Onganía en 1966? Una sociedad que a Fernando y a miles de nosotros nos formó con el catecismo en la mano, en el amor al prójimo, en el compromiso con los humildes, y en los principios de la democracia cuya dirigencia convalidaba a través de la asociación perversa de milicos, curas, políticos, jueces y burócratas sindicales la dictadura de Onganía y la transnacionalización de la economía de Krieger Vasena en beneficios del poder económico local asociado a los intereses imperiales.

Esa miseria ética y política de nuestra dirigencia, esa violencia criminal del poder dominante ejercida a través de las Fuerzas Armadas, impactó en forma definitiva en nuestra generación. Y por lo tanto, caló profundamente en la sensibilidad rebelde de ese Fernando apasionado y vital que no soportaba ver cómo se pretendía arrodillar a nuestro pueblo arrebatándole la justicia y la dignidad, tratando de no dejar en nuestra patria ni un solo ladrillo que fuera peronista.

Estaba claro que el poder económico, la dictadura, habían instalado la represión y la muerte en la historia, en la vida de nuestro pueblo. Les habían puesto un techo de sangre y terror a nuestros sueños transformadores. Fernando lo vivió como algo insoportable que lo llevó a asumir, como dice la Constitución Nacional, que “todo ciudadano argentino está obligado a armarse en defensa de la patria y de esta Constitución”.

Lo demás es conocido. Williams Morris, La Rueda, se integraron como muchas otras palabras simbólicas al imaginario de la militancia como parte de una historia propia constitutiva de un futuro hoy presente, ganado con la lucha. La Comisaría de Frías, Felipe Vallese, Taco Ralo, Envar El Kadri, Amanda Peralta, Carlitos Caride, el Aramburazo, Emilio Maza, Gustavo Ramus, el negro Sabino, Graciela Doldán, La Calera, el combate de Ferreira, Carlos y Miguelito Olmedo, el viejo Logiurato, el Tata de Gral. Rodríguez, Trelew y otros muchos son nombres, lugares, palabras hoy convertidos en leyendas para la militancia. Hitos que nuestro pueblo reconoce, sabe, siente, que alcanzaron su síntesis en Evita y el Che y que fueron piezas esenciales entre muchas para la construcción de este presente maravilloso y esperanzador que vive nuestra Patria.

Fernando, Emilio, los que ya no están pero siguen en nosotros, aportaron a este Eternauta héroe colectivo que es nuestro pueblo, la capacidad de que hoy, con el ejemplo de Néstor y conducidos por Cristina, siga peleando con Memoria, Verdad y Justicia por la igualdad, la dignidad y la libertad. Lo que Fernando y el movimiento popular sintetizaban en la “felicidad del pueblo y la grandeza de la nación”.

02/09/12 Miradas al Sur

jueves, agosto 02, 2012

“Yo siento que falta algo”

Por Jorge Alemán *

¿Qué le puede decir el psicoanálisis a la política? ¿Qué le puede decir la política al psicoanálisis? En los años setenta, tomó un énfasis especial la segunda cuestión. ¿Qué terminó diciéndole la política al psicoanálisis? La experiencia política de aquellos años fue adquiriendo tal intensidad que se transformó en el núcleo de significación de todas las prácticas y teorías que estaban en curso; todas fueron radicalmente afectadas por la experiencia política de la época. Yo trabajaba en el departamento de psicología social de un sindicato, el sindicato Eva Perón de Empleados de Comercio. La psicología social adquirió en aquel entonces una fuerza epistemológica y clínica muy importante. Podría decir que avanzó sobre el psicoanálisis, lo determinó en cada uno de sus aspectos; fue haciéndose cada vez más fuerte la idea de que había una determinación social de la experiencia subjetiva. El fenómeno de la experiencia subjetiva siempre debía ser captado en su horizonte de determinación social.

Hay que recordar, de aquel tiempo, los desarrollos de Pichon Rivière, los trabajos de Frantz Fanon, todos aquellos esfuerzos por vincular a Freud con Marx; en un balance muy rápido, sin duda fueron beneficiosos. En el departamento de psicología social del sindicato, muchísimos trabajadores asistían a los cursos que impartíamos. Vinculábamos todos los problemas de la subjetividad con los problemas políticos de la época y su determinación social. La pérdida, en todo caso, consistió en desdibujar cierta especificidad que hace a la constitución misma del sujeto: la especificidad que estudia la teoría psicoanalítica, la manera en que el psicoanálisis de Freud y Lacan intenta aislar teóricamente, para una experiencia clínica, lo que es el sujeto en su singularidad más radical.

Un ejemplo clarísimo es que entonces la locura, la psicosis, prácticamente perdió su especificidad clínica, considerada como un fenómeno de exclusión social. Se ponía el acento –y los textos de Frantz Fanon habían tenido una gran influencia en esto– en el hecho de que, tratándose del “loco”, lo que había que captar primero era su condición de excluido social; formaba parte de un régimen de dominación que lo había excluido y que lo etiquetaba como loco. Podríamos decir que hubo una suerte de sociologización de la subjetividad. Hubo una suerte de reabsorción de todo el campo de experiencia de la singularidad subjetiva en el orden de las segregaciones sociales.

En años ya más difíciles, apareció el Antiedipo, de Gilles Deleuze y Félix Guattari, texto que no tuvo tiempo de difundirse porque ya había empezado la represión. Los planteos que transmitía no tuvieron tiempo de madurar teóricamente entre nosotros, pero fue y sigue siendo un esfuerzo teórico para llevar el psicoanálisis a una práctica anticapitalista; arrancarlo de su posición “familiarista”, teatral y edípica, y reinscribirlo en otro modelo teórico. Recordemos fórmulas muy celebres del Antiedipo como: “el inconsciente no es un teatro: es una fábrica”, o el papel revolucionario que se le asignaba a la figura del “esquizo”, el intento de reformular al psicoanálisis en el esquizoanálisis. Probablemente el Antiedipo fuera la consecuencia final de un largo recorrido cuya vocación fue inscribir el psicoanálisis en el orden de las prácticas sociales; presentaba una determinación de la emergencia de la subjetividad atribuida a las infraestructuras económicas u otros dispositivos de poder, más que a la propia constitución del sujeto.

Así que, en aquella época, fue la política la que le dijo muchas cosas al psicoanálisis. Le dijo al psicoanálisis que era individualista, que era burgués, que no tenía verdaderamente una teoría de la infraestructura económica, que no tenía una teoría de la ideología y de la determinación de clase, que no tenía nada relevante para decir con respecto a los proyectos de emancipación, que estaba sofocado y asfixiado en su terapéutica individual o familiar. Si buscamos libros o películas de aquel entonces encontraremos muchas referencias a esta cuestión. Recuerdo una película, Heroína, donde estaba un psicoanalista muy famoso, Emilio Rodrigué, hacía de psicoanalista, y hacía de paciente otro psicoanalista ya famoso entonces, Tato Pavlovsky. En un momento, el paciente le decía: “Yo siento que falta algo”, y la cámara tomaba una manifestación callejera. Estaba el pobre neurótico diciendo que le faltaba algo y el reverso de esa escena psicoanalítica era una manifestación. Esta película presentaba a dos psicoanalistas paradigmáticos de aquel entonces atravesados por una falla esencial. Eso que le faltaba a ese señor, y que estaba sucediendo en la calle, metaforizaba lo que la política le decía al psicoanálisis. Hoy lo voy a decir en términos lacanianos: la política fue el significante amo del psicoanálisis, en el sentido de que lo intervino, le puso condiciones, lo interpeló.
Sin garantías

Pero este legado, como todo legado, es algo a descifrar. Uno no sabe del todo cuál es su legado, un legado no es algo que uno pueda interpretar de una vez y para siempre, uno nunca sabe quién es dentro de una herencia, qué lugar tiene en lo que ha heredado. Un legado se vuelve más importante cuanto con más fuerza te interpela y más elementos presenta para descifrar. Hoy, en relación con este legado, la pregunta es: ¿qué le puede decir el psicoanálisis a la política?

Transcurridos aquellos años, visualizados retroactivamente aquellos proyectos, sus límites, sus condiciones, sus consecuencias, empieza a tomar forma una idea decisiva en lo que podríamos llamar genéricamente el campo “posmarxista”, es decir, el campo en el que se intenta ver la política no como mera gestión ni como subsistema de la realidad ni como carrera profesional, sino como experiencia transformadora, como experiencia radical. Se trata de la política en tanto abre un interrogante: de qué es capaz un colectivo humano y de qué es capaz cada uno de nosotros en relación con un colectivo humano.

Ahora, me parece, vuelve a tomar fuerza la cuestión de la subjetividad. Ya no se puede, como en aquellos años, ahogar la especificidad del sujeto, su diferencia radical, su constitución singular, su propia historia incomparable. No se puede subsumir esto en un proyecto homogéneo. El desafío más apasionante, más difícil, que no encuentra fórmulas fáciles, que exige una invención, ya que no hay nada previamente definido ni articulado, es mantener la especificidad del sujeto; preservar lo que las enseñanzas de Freud y de Lacan han postulado con respecto al sujeto y vincular esto con los proyectos emancipatorios. De tal manera que los proyectos emancipatorios no se puedan volver una coartada para borrar la singularidad del sujeto, pero también de tal manera que esa singularidad del sujeto no conduzca a una nueva forma de individualismo más lúcida o a una nueva forma de sabiduría cínica para estar en este mundo, “que ya sabemos que nunca va a tener arreglo”.

En los ‘70, muchas veces intentamos amoldar el sujeto al proyecto emancipatorio, como si las piezas encajaran. Había en aquella época muchas facilidades para que así ocurriera. Primero, estábamos convencidos de que la historia tenía un sentido; segundo, pensábamos que la historia necesariamente iba a cumplir ese sentido, y, tercero, pensábamos que, si la historia iba a cumplir necesariamente ese sentido, había lo que se podría llamar una teleología de la historia. También pensábamos que esa finalidad de la historia tenía un sujeto ya elegido: para los marxistas, el proletariado; para el movimiento nacional y popular, la clase trabajadora; en todo caso pensábamos que ese progreso era inexorable, que ese sujeto estaba destinado a cumplir el proyecto emancipatorio y que, si el sujeto no cumplía ese proyecto emancipatorio era porque aún estaba alienado, porque aún no podía reconocer su propio deseo o porque aún no contaba con los medios y las condiciones para establecerse en ese proyecto.

Había una intención, una vocación, un esfuerzo por acomodar el sujeto a la lógica emancipadora tal como se concebía en aquel entonces, como una lógica que necesaria e indudablemente se iba a cumplir. La historia estaba a favor de nosotros. Los obstáculos no eran más que intentos de impedir que la historia se realizara como tal; se podía eventualmente bloquear la historia, pero esto era circunstancial; tarde o temprano el obstáculo iba a ser superado. La historia iba a realizar su trabajo. Había, como vemos, una idea finalista de la historia, una idea que, podríamos decir, respondía a una cierta versión canónica de Hegel: la idea de un sujeto que, de un modo dialéctico, se encarna en este proyecto histórico y realiza un fin de la historia.

La noción del fin de la historia después se popularizó bajo la versión democrática neoliberal. Pero hay un fin de la historia en Marx: la idea de una sociedad reconciliada, sin clases. Marx había elegido al proletariado como esa clase que encarnaría el universal y haría desaparecer el Estado, bajo la forma de la sociedad comunista. Y estaba la noción de la liberación, como una idea redentora de la historia donde el sujeto finalmente iba a alcanzar una cierta plenitud, una cierta realización en la sociedad liberada. Estos proyectos de aquellos años admitían fracturas, rupturas, admitían procesos clínicos, admitían enfermedades, pero eso tarde o temprano iba a quedar reintegrado en una sociedad distinta que iba a disolver y eliminar esas fracturas.

Ahora es más difícil. Hoy sabemos que la historia carece de sentido, que está atravesada por una contingencia radical, que no hay nada que lleve a la historia necesariamente a cumplir tal o cual proyecto. Un proyecto se va a cumplir en la medida en que el deseo de ese proyecto se sostenga, en la medida en que la apuesta por ese proyecto se sostenga, y esa apuesta no está garantizada por la historia misma. Eso por el lado de la historia. Por el lado de los sujetos, ya no pueden ser presentados sólo como resultado de determinaciones sociales. Hay dimensiones del sujeto que exigen una elaboración más fina. Me refiero al modo en que Lacan teoriza cómo el sujeto adviene en el campo del lenguaje; el lenguaje es una infraestructura, no una superestructura. Lo que puede ser superestructura son los códigos comunicacionales, las formas de hablar, las formas lexicales que caracterizan una época. Pero el modo en que el sujeto emerge en el campo del lenguaje es la estructura misma. Y luego, además, al sujeto le suceden muchas cosas: le sucede la neurosis, le sucede la psicosis. Eso tiene su propia especificidad; le sucede eso que no puede nunca terminar de metabolizar simbólicamente y que Lacan llama lo real. Le sucede la pulsión de muerte, que no es precisamente muy progresista que digamos, ya que está ligada con la compulsión a la repetición. Le suceden un montón de cosas que conviene tener el coraje de afrontar para decir: “Esta vez, tratemos de pensar los proyectos políticos sin engañarnos respecto de la condición humana”; sin buscar coartadas, sin andar disimulando cómo está hecho el sujeto.

No es verdad que la psicosis sea producto de una explotación social; no es verdad que la servidumbre voluntaria sea puramente resultado de la voluntad de dominación de los opresores; no es verdad que a una sociedad la mantiene sólo la represión que viene desde arriba. Es todo mucho más complejo. Entonces, si se trata de la emancipación: “Hay una fuerza exterior que nos oprime y, si nos liberamos de esa fuerza, nos realizaremos plenamente”. Por supuesto, es una condición liberarse de esa fuerza, pero después tenemos que ver qué pasa con la propia experiencia subjetiva, que nunca se va a realizar plenamente. No existe ni existirá una sociedad donde el sujeto no esté dividido, donde su relación con el otro sea armónica y ya no quiera matar al vecino o suicidarse o encontrar cualquier tipo de solución extraña y bizarra para su existencia.

Esto puede encauzar o al menos proponer unas nuevas condiciones para el diálogo entre el psicoanálisis y la política; un diálogo que privilegie las tensiones, sin llegar a la idea hegeliana de la integración dialéctica del todo, donde el psicoanálisis quedaría integrado finalmente en el movimiento interno de lo social; entendiendo que estamos entre tensiones irreductibles, que estamos todo el tiempo haciendo la experiencia de algo que no encaja bien. Se trata, por ejemplo, de pensar cosas que el psicoanálisis no desarrolló mucho, como el tema de lo común o el tema de la igualdad, pero manteniendo rigurosamente lo que la enseñanza del psicoanálisis mantiene acerca del sujeto.

* Extractado de una conferencia dictada en Buenos Aires ante estudiantes de Psicología.

jueves, julio 26, 2012

Irreverencia del 26 de Julio


Que lejos te llevaron, compañera, que de ausencias en todos estos años,
patéticos intentos de renacerte hueca, de reescribirte, de olvidar tus mitades.
Esos pedazos enfrentados de vos que se nos mezclan, que te revelan.

Te prefiero con el pelo al vuelo. Esa es mi foto, mi memoria.
El perfil que elijo para verte.

Que otros se aferren al rodete, a la señora, a la digna esposa,
a la primera dama embajadora, los más audaces, a la “abanderada”

Yo te voto más suelta, más como tantas otras.
Una piba de adentro que sacó la cabeza, dijo basta,
y harta de que la manosearan
les pateó el ojete a las señoras de la cruz y la espada.

Te cuento que a sabiendas de tu desacuerdo te usamos de bandera.
Que nos cagamos en tus boludeces, en tus controversias, en tus medias tintas.

Te hicimos a la imagen de la lucha viva,
de los enfrentamientos, de las barricadas.
Te llevamos a Córdoba, a Rosario,
peleaste con nosotros en Mendoza y en Salta,
en las calles oscuras y el monte tucumano.

Fuiste lanza tacuara, revólver y granada. Y cada compañera
soñaba que algún día su nombre resonara
con el mismo sonido, con idéntica fuerza, con igual contenido.
Te gustara o no, vos fuiste nuestra, hermana.

A contramano de los que te prefieren blanca, pura e intocada.
Caminaste las villas, las barriadas, tomaste mate en ranchos,
copaste facultades, hiciste huelga en fábricas.

Te sacamos del cuadro y de la vela sagrada,
te dimos carne y sangre en cada operativo y en cada volanteada.

No fuimos suficiente, la deuda quedó abierta
ya no la saldaremos nosotros, ya son otros
los que recuerdan, recomienzan, son otras las banderas.

Pero en el fondo, negra, no tenés que enojarte.
Ya te estabas perdiendo -inmóvil en el tiempo-, y te trajimos viva.
Volviste guerrillera, mi negrita querida.
Te hicimos montonera.


Enrique Gil Ibarra/26 de julio del 2012

sábado, julio 14, 2012

Periodistas a la caza de adolescentes descarriados

Durante la última dictadura militar, cuando éramos estudiantes secundarios, muchos de nosotros ni siquiera nos planteábamos la posibilidad de tomar un colegio. Más tarde, con el advenimiento de la democracia, tuvimos noticias de La Noche de los Lápices. Hubo quienes sí lo hicieron y pagaron con el propio pellejo.

A tres décadas del final de la noche negra, asistimos a una expansiva toma de establecimientos secundarios, especialmente en la Ciudad de Buenos Aires, por motivos diversos. Algunos parecen más razonables que otros. Todos, seguramente, merecen un debate amplio y sin prejuicios en el marco de la comunidad educativa.

Lo realmente curioso es la discriminatoria actitud que han vuelto a exhibir algunos “comunicadores”. Lejos de informar sobre lo que viene pasando, se transformaron en una horda mediática a la caza de adolescentes descarriados. En los últimos días, al igual que en la protesta anterior, fuimos testigos de impiadosos escarnios televisivos.

Tal vez la mayor exageración haya sido la de un “periodista” diciendo que iría a “cagarlos a trompadas a todos”. Semejante exabrupto, que no fue el único, viola las más elementales convenciones éticas de la profesión y no estaría contemplado en ningún manual de estilo. Es probable que la toma de un establecimiento educativo sea un recurso desproporcionado si la causa que la motiva es la deficiente administración del bar que funciona en él. Pero la reacción de esos “periodistas” parece mucho más exagerada que la propia medida que cuestionan.

Lo que esos jóvenes están haciendo es desafiar a un sistema cuya lógica es maximizar ganancias donde sea que tenga la oportunidad de hacerlo. Dicen que la vianda es cara y que las fotocopias también lo son. Lo que piden, nada más y nada menos, son “tarifas sociales”.

Sin embargo, en lo que habría que indagar es en la causa por la cual esos enfadados “periodistas” reaccionan como lo hacen. Afirman que la causa argumentada por los jóvenes que toman colegios es una “pelotudez”. ¿A cuanto están de decir que reclamar el boleto estudiantil gratuito también lo es? Pareciera que no tan lejos.

Se puede entender que un adolescente en proceso de formación política desconozca los límites de sus acciones, sobre todo a una edad en la cual los límites son buscados mediante la transgresión permanente. Lo que no se entiende es que “periodistas” supuestamente profesionales pierdan la corrección tan fácilmente cuando el statu quo se ve amenazado por un grupo de “pendejos”. La única explicación tal vez sea que la semilla fascista implantada por la dictadura sigue floreciendo en sus cabezas. ¡Un psicólogo a la derecha!

14/07/12 Tiempo Argentino

sábado, junio 09, 2012

Los exilios y las fugas de Osvaldo Bayer

Nota: Le cambié el título a esta nota (Antes se titulaba "Periodistas 'de aquellos'") porque también me pareció una cobardía de mi parte no titular francamente mencionando a Bayer y mi opinión al respecto. En fin. Cada uno con su conciencia.


Acabo de leer la nota firmada por Osvaldo Bayer en Página 12 sobre el Día del Periodista, y no puedo menos que admirar su coherencia. Desde hace décadas, Bayer no deja de desilusionarme. Analizando cuidadosamente su biografía, resaltan sus exilios y sus fugas, tanto en su vida como en sus libros, siempre referidos al ayer, a los hechos que, relevantes en la historia – pero sólo en la historia-, permiten acuñar “chapa” de compromiso sin arriesgar ni un cabello.

A los dieciocho años, devoré literalmente su libro sobre La Patagonia Rebelde. Me encantó. Asumí que Bayer era (y sería) uno de esos escritores que descuartizaban la historia y la realidad para ofrecerla a sus pueblos en aras de la verdad y el futuro. Me equivoqué. Bayer se quedó sólo en la historia y en su propia realidad, que cada vez está más alejada de una realidad colectiva.

Su nota sobre el día del periodista no es otra cosa que un ejercicio de egolatría autorreferencial. Supone elogiar a “Aquellos periodistas” y no hace otra cosa que citarse a sí mismo, recordar sus propios discursos y vanagloriarse de su lucidez al analizar a otros periodistas que, contrariamente a lo que Bayer hizo durante toda su vida, vivieron y criticaron su propio tiempo, asumiendo los riesgos inherentes a ese compromiso.

Dice de Walsh: “No fue consciente, tal vez, de su predestinación. La sangre que circulaba por sus venas no lo dejaba tranquilo con los productos que le depositaba en el cerebro. Sus mejores cualidades literarias fueron alma y humanidad”. ¿Lo habrá conocido? Si, desde luego. Pero su propio egocentrismo le impidió entender el porqué un tipo como Walsh era absolutamente conciente “de su predestinación”. Suponer que Rodolfo no tenía claro que estaba “predestinado” a morir es simplemente estúpido o, mucho peor, un intento de minimizar su lucidez y su compromiso combatiente. Su “alma y humanidad” no eran “cualidades literarias” de Walsh, sino su condición de ser humano conciente, obligado por esa conciencia a participar activamente de la lucha de su pueblo.

Y luego Bayer dedica su perorata a otros periodistas, a los que pone como arquetipos de sí mismo: “Acabo de cumplir sesenta años en el periodismo. Toda una época más que difícil. Triunfos, despidos, cárceles, gozar de maestros y aguantar a tiranos de escritorio”. Raúl González Tuñón es el segundo de sus referidos y, para elogiarlo, Bayer recuerda casi exclusivamente sus propios textos sin comprender que la única cita que hace de González Tuñón: “El poeta lo es en sus libros y en la calle”, es una revelación que a él mismo lo pone cruelmente en evidencia. Las calles son desconocidas para Bayer, escritor de exilios y de cenáculos. No quiero imaginar las puteadas que González Tuñón le dedicaría a Bayer si se enterara que lo recuerda por “El sandwich de milanesa”.

Bayer recuerda también a Gregorio Selser. Y aquí si, no puede evitar mencionar por lo menos a las gestas latinoamericanas revolucionarias, ya que obviar ese aspecto de Selser como historiador comprometido con su presente sería prácticamente insultarlo, pero de inmediato –y nuevamente- Bayer se retira a la torre banal de sus propios escritos, y en lugar de citar a Selser elige citarse a si mismo, en una anécdota insulsa y tontuela que sumerge el recordatorio en un comentario irrelevante.

Por último, el otro periodista digno para Bayer de figurar en su homenaje es Emilio Corbière. Historiador y periodista respetable, es cierto, socialista democrático moderado y prudente, de larga trayectoria.

Por supuesto, todos somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras. Bayer se hará cargo de sus silencios en sus homenajes y yo de mis palabras en esta nota, pero si Bayer hiciera honor a su fama autogenerada, no debería soslayar a otros periodistas. Periodistas “de aquellos” (para jugar con el título de su nota), que un tipo como Bayer hubiera debido mencionar, en lugar de limitarse a Walsh, al que se recuerda hoy no por combatiente, sino porque está de moda en el periodismo “progre” y ya no es peligrosa la memoria.

Periodistas como Enrique Raab, como Jarito Walker, como Haroldo Conti, Paco Urondo, Rafael Perrota, Raimundo Gleyser, Luis Guagnini, Dardo Cabo, Ignacio Ikonicoff, Victoria Walsh, Zelmar Michelini, Rodolfo Ortega Peña, Roberto Sinigaglia y decenas de otros etcéteras no tan conocidos, no menos importantes, no menos dignos del recuerdo y el homenaje. Periodistas que de verdad –y citando a Bayer- “tenían vocación de servir a su sociedad, para mejorarla, no para mantenerla con sus actuales vicios”.

Pero por descontado, el reiterado y declamado “pacifismo” de Osvaldo Bayer no le permite reconocer a aquellos que han luchado en épocas cercanas. Debe limitarse a hechos muy anteriores, hechos que no comprometan su “anarquismo pacifista”. Alguien debería explicarle a Bayer que ese cacareado “anarquismo pacifista” es un contrasentido ideológico, que sólo ejemplifica la necesidad de autopreservación personal que lo ha aquejado desde 1975, cuando se unió a la caravana de intelectuales autoexilados.

Enrique Gil Ibarra – 9 de junio 2012


La nota de Osvaldo Bayer publicada en Página 12

Aquellos periodistas

Por Osvaldo Bayer

El jueves fue el Día del Periodista. Pocas veces tuve una impresión tan grata. Fue en Santa Teresita, sí, esa ciudad ahí en la costa de mar y arena. Organizado por la Asamblea por los Derechos Humanos, el acto se llevó a cabo en el Instituto de Formación Docente. Eso es lo que vale. La ciudad quedó vacía, el aula magna rebosaba de gente: alumnos entusiastas, docentes, vecinos, obreros, empleados, comerciantes, pueblo, pueblo. Ese instituto de enseñanza es el primer centro educativo que ha levantado un monumento a Rodolfo Walsh. Estuvimos allí. La emoción; corrimos la tela que lo cubría. Hablamos de él. El sentido de solidaridad nos invadió a todos. Su prosa puro coraje. Sus figuras literarias cubiertas de vuelo emocionado. Y su muerte. Para siempre, el héroe del pueblo. Leí un escrito que le dediqué hace ya muchos años. Dije: “No tengo otra forma de definir a Rodolfo Walsh que tomar la frase de Madame de Staël referida a Friedrich Schiller: ‘La conciencia es su musa’. Su conciencia lo seguía a todas partes. (‘Me siento insultado, como me sentí sin saberlo cuando oí aquel grito desgarrador detrás de la persiana’) Ese es el parámetro de su vida: su conciencia. Predestinación de mezclarse con la vida, de meterse. No fue consciente, tal vez, de su predestinación. La sangre que circulaba por sus venas no lo dejaba tranquilo con los productos que le depositaba en el cerebro. Sus mejores cualidades literarias fueron alma y humanidad”.

El acto llega a su punto culminante cuando la directora del instituto de enseñanza anuncia a los presentes que los docentes van a proponer darle el nombre Rodolfo Walsh a esa casa de estudios. No hay mejor ejemplo para la juventud, agregué. Y termino a plena voz: “Se acabó el tiempo de llamar a los colegios ‘General Roca’, se ha abierto un claro amanecer al bautizarlos con el nombre de este héroe del pueblo, el periodista ejemplo para todos, Rodolfo Walsh”.

Luego, ya en las aulas, me piden que recuerde a otros periodistas ejemplos de creación y bondad en ver a su sociedad. Acabo de cumplir sesenta años en el periodismo. Toda una época más que difícil. Triunfos, despidos, cárceles, gozar de maestros y aguantar a tiranos de escritorio. Nombro al más admirado por mí: Raúl González Tuñón, el poeta de la calle, de la aventura y de los sueños. Recuerdo cuando lo despedimos al jubilarse de su oficio de periodista. Me tocó pronunciar el discurso de despedida, en un bodegón de Barracas, ante la mesa tendida y después del brindis: “Por fin lo tenemos entre nosotros a Raúl. Digo por fin, porque lo tuvimos mucho tiempo entre nosotros en esa enorme redacción que parece un reloj del tiempo con sus ruidos, con sus gritos, con sus apuros, y lo dejábamos escapar. Y él se nos escapaba con su humildad, sus eternas ganas de pasar desapercibido. Se nos escapaba con su paso silencioso, su cabeza poblada de sueños, y se tomaba alguna nube aquí en Barracas –por supuesto sacaba boleto obrero– y se sentaba a la ventanilla del tiempo a observar y amar una vez más a las gentes, a las casas viejas, a las ilusiones y a las esperanzas de esta ciudad. Porque como el mismo Raúl dice en uno de sus versos: ‘El poeta lo es en sus libros y en la calle’. Pero hoy lo hemos atrapado y lo hemos traído aquí con nosotros, sus amigos, que queremos expresarle la alegría que sentimos por su último libro: La veleta y la antena. El pasado, los años ’20, ¡qué tema para Raúl! Buenos Aires con sus calles color sepia, con sus multitudes de alpargatas, de galerita, de cuello duro, con sus anarquistas rojos de bronce quemando tranvías y haciendo saltar panaderías, con su Hipólito Yrigoyen trenzando en la calle Brasil, con sus generales bigotudos, con su clase media buscando que sus hijos fueran abogados, médicos o cadetes navales, con sus conventillos, y sus domingos de hipódromo y fóbal. Se ha caído un tranvía al Riachuelo. Raúl hace sus primeras armas como reportero. Ahí está él en medio de ese mar de llanto, de gritos, de pitadas de barquichuelos y vigilantes, de cadáveres grises y mojados de obreros y costureritas. Y escribirá su primera nota: apenas un recuadro. Que titulará ‘El sándwiche de milanesa’. Y Botana, el director de Crítica, con esa intuición que lo caracterizó, mete ese recuadro, de un puñetazo, en primera página. Y nada como ese recuadro registró el drama injusto que significó esa tragedia: un tranvía de obreros ajusticiados por un Dios incomprensible en un paredón de barro y agua podrida. Raúl se detuvo ante el cadáver de un chico de 12 años, de pantalones parchados. Allí, de un bolsillo le asomaba un paquete: el agua había abierto el papel de estraza y dejaba ver un cacho de pan francés con una milanesa en el medio. Y sobre esa figura, Raúl escuchó un poema triste, trágico, desgarrante. Así, con la sencillez que lo caracteriza exclamó su llameante voz de protesta. Allí, en el sandwich de milanesa, estaba toda la tragedia: estaba el chico que en vez de jugar o estudiar tenía que ir a las cinco y media a trabajar. Como un hombre más. Estaba el drama de la madre preparando, antes de partir, ese sandwich como única ayuda, como única protección. Estaba allí toda la injusticia de los hombres para con los hombres, y, lo peor, para con los hijos de los hombres. Estaba todo: la vida y la muerte. Y tal vez, esa imagen del sandwich de milanesa que quedó allí intacto, mojado en el pantalón de un obrerito muerto, es lo que impulsó a Raúl a hacer ésa, su vida consecuente de poeta revolucionario. Raúl, el periodista poeta, en su día”.

También recordé el jueves a otro periodista con quien compartí horas y horas de labor en el Congreso de la Nación: Gregorio Selser. De periodista a escritor. Uno de los mayores historiadores de las gestas latinoamericanas revolucionarias. Su Pequeño ejército loco describe la gesta de Augusto César Sandino. Es sin duda uno de los mejores testimonios de esa gesta latinoamericana. A ese libro seguiría una serie relatando todas las gestas revolucionarias de nuestro continente. Toda su vida se pasó consultando archivos y juntado documentación. Cuando Gregorio Selser se suicidó para librarse de una enfermedad mortal, el 27 de agosto de 1991, perdimos a uno de los mejores periodistas e historiadores latinoamericanos. Ante su muerte escribí: “No aprendiste la lección y mientras te defendías con tu humilde sueldo de redactor anónimo comenzaste a escribir, pero primero te dedicaste a tu oficio preferido, a juntar papeles, y después a volcarlos, interpretarlos e informar en un infinito teclear de tus dedos. Y ya te metiste en tu casamata y Marta, tu compañera, el ángel bueno, a ordenar tus papeles y tu vida. La fiebre ya no te pudo dejar. Rogelio García Lupo me dijo a modo de presentación: ‘Aquí, Gregorio Selser, profesión, juntapapeles’. ‘¿Papeles, de dónde?’, pregunté yo en forma un poco torpe. Y vos, Gregorio, me respondiste con infinita candidez: ‘De Latinoamérica’”.

En mi escrito, ante su muerte, finalicé diciendo: “Para vos, Gregorio Selser, no habrá paraíso. Porque sabés muy bien que el único paraíso es la búsqueda, la lucha por ese paraíso en la Tierra. Pero en la memoria –esa que no se agota cuando los notables abandonan al muerto después de los discursos– quedarás para siempre, como el boletinero mayor de la eterna revolución latinoamericana, y te acompañará para siempre el pequeño ejército loco con Augusto César Sandino, su general de hombres libres que seguirá luchando por la Libertad por los siglos de los siglos”.

Tres periodistas con la vocación de servir a su sociedad, para mejorarla, no para mantenerla con sus actuales vicios. Otro ejemplo, muy olvidado, se llamó Emilio Corbière, el socialista, un luchador como pocos en buscar caminos y encontrar soluciones. Por fin, se acaba de realizar un homenaje a tan digno hombre de búsquedas en infinitos artículos plenos de sugerencias e ideas.

Una jornada de logros recordando a las mentes que trataron de forjar nuevos caminos en un mundo que todavía no encuentra la senda para la paz definitiva, que no puede ser otra que acabar con las diferencias sociales entre los seres humanos.

09/06/12 Página|12 (contratapa)